sábado, 22 de diciembre de 2012

No, ya no...


Quizá había pasado un año desde toda aquella catástrofe, desde aquel te quiero sin respuesta y aquella ridícula excusa, ¿recuerdas todo aquello?
Me entregue a ti, y tu hiciste como si nada, como si todo lo pasado fuera una vieja canción que solías cantar. Me hiciste daño, y tienes razón, tú fuiste el motivo de todos mis problemas durante mucho tiempo. Las noches se hacían largas llorando por todo lo que había pasado y por todo lo que pasaría sin ti, los días se hacían uno más angustioso que el anterior mientras esperaba a que me buscaras. Recordé cada uno de los abrazos que me diste, y renuncie lentamente al sabor de tus labios, canela y miel. Eché de menos ver el verde de tus ojos sobre los míos, y tus manos por mi pelo, revolviéndolo suavemente. Lamenté las veces que te dije que no y me culpé por todo lo ocurrido. Poco a poco fui abriendo los ojos, saliendo de casa y empezando a sonreír. El tiempo pasó y todo quedó atrás, formabas parte de un pasado que no quería volver a abrir.  
Después de tanto tiempo, me preguntaron si aún me importabas, un millón de recuerdos pasaron por mi mente y susurre…
“No, ya no…” 

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