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"Lo que fuimos"

A veces me gustaría saber de ti. Poder llamarte y hablar durante horas, o durante un rato. Conseguir recordar el número de tu puerta para esperarte a que vuelvas, o solo hasta que oscurezca.  Ser capaz de borrar las fotos de tu móvil para dejar de echarte de menos, o al menos dejar de joderme el día al ver lo que fuimos.

Lo que fuimos…

Es una frase curiosa. La usamos en presente para referirnos a un pasado. Un pasado que ya no volverá.  
Lo
que
fuimos...  

Tres palabras, cada una con un origen diferente, cada una con una función sintáctica compleja y variada, pero cuando se juntan siempre me hacen pensar en ti. Porque después de que me dejaras pase primaveras pensando que había pasado, que limites habíamos cruzado y que señales en rojo decidimos ignorar. Quizá no haya sido más que una historia, pero no me la quito de la cabeza.








Todo empieza a dar vueltas, lo que fuimos, lo que ya no somos y lo que nunca volveremos a ser. Todo da vueltas, como esa maldita noria en la que te subes una y mil veces para superar tu miedo a las alturas, pero ese miedo sigue estando ahí al bajarte.
Eres esa canción que tanto escuché, tanto adoré, y que con el tiempo, de tanto escucharla la acabé aborreciendo y echando de menos a partes iguales.

¿Sabes que no hay 5 de diciembre que no te recuerde?

Sé que no me merece la pena, que no eres lo que necesitaba, ni siquiera lo que ahora necesito, y que ese rato juntos no compensa la pena y el vacío que me dejas al mirarme a los ojos y decirme: “Es que yo ya no te quiero”. Nada. Ni los besos, ni las risas, ni las caricias a medianoche. Ya no quiero nada de ti, te quise entero, a cachos y a medias verdades, pero solo un tiempo. Los dos sabemos que no soy chica de sonrisa fácil, y que nunca caería en tus brazos una segunda vez. Nada nos une. Ni el futuro ni el presente. El pasado no se puede cambiar, tampoco lo haría, pero… dejemos de soñar. Ya no quiero pensar más en ti, no quiero besos, no quiero recuerdos, no quiero ser esa puta noria que no deja de girar.

Quiero sentir las mariposas en el estómago, el sube y baja de la montaña rusa de las miradas cruzadas, la ilusión de vivir cada día lo que nunca antes viví, volver a hacer algo por primera vez y sobre todo, sentirme libre de mirarme al espejo y quererme un poquito más. Y eso tú no me lo darás, ni hoy, ni mañana, ni nunca.
Así que, mi chico de hielo, aquí se acaban nuestro: “Lo que fuimos”. Aquí se acaban las promesas, los sentimientos escondidos, y todos los posibles futuros que podrían haber sido contigo. Se acabó. Llévatelo todo y déjame lo mejor que siempre fue nuestro, lo mejor que siempre fue mío pero alguna vez compartí contigo.


Vete y déjame, llévate tu amor que yo ya tengo el mío. 

Déjame serlo


Déjame serlo. ¿Ser qué?
Eso me preguntas y yo me quedo sin respuestas. No sé que quiero pero sigo viéndote en el futuro próximo, ese que podemos traducir en: despiértate al otro lado de mi cama.


"No te quiero, no te necesito. Sí te quiero y te necesito." Y así discuten mi razón y mis corazón desde el día que vi esa sonrisa que sin decir nada, lo dice todo.


Déjame serlo, te repito. Ya es de día, ya te has levantado de mi cama. Ya no puedo buscar más excusas, ya ha salido el sol. Espera, dame cinco minutos.


"Ya no tengo miedo, no de ti, ni de mi. Quédate." Y es que no sé que quiero, ni contigo ni sin ti. Pero las noches sin ti son frías, y los días apagados. Déjame serlo. Déjame ser tu cuarto creciente, o tu luna llena, incluso dejarme ser tu cuarto menguante. Déjame serlo todo.


Quédate esta noche. Quédate que yo te ilumino. Quédate que sin quererte, te echo de menos y aun no has dado media vuelta.

¿Me lo prometes?


No me dejes. Prometemelo. Que no te iras, es sencillo o eso creo.

Hace ya días que tu recuerdo parece seguirme en las calles. ¿Sabes eso que dicen de que cuanto menos lo buscas antes lo encuentras? Pues parece ser verdad.
Tú que revolucionaste mi vida, la estrujaste, la elevaste y después la dejaste caer. Y yo que tanto amo las olas en calma de mi monotonía. Y tanto nos empeñamos en enseñar a volar a quien no puede que al final hasta los pájaros se cansaron de ayudarnos. Y te fuiste. Desapareciste,. Como si nunca hubiera pasado nada. Como si aquel 5 de diciembre no te hubieras cruzado en mi vida.

Todavía lo recuerdo, hacía frío fuera pero allí dentro de ese lugar sin nombre no hacía nada más que calor. Tanta gente moviendose a su propio compás pero todos al mismo momento. Recuerdo necesitar aire, y salir a respirar, y ahí estabas. Sentado con tus amigos, con cara de aburrido, ellos fumaban y reían y tú solo querías volver allí dentro. 10 minutos después volvía a entrar, ir en tirantes en la calle no había sido una buena idea. Le supliqué a mi mejor amiga que me acompañara dentro, necesitaba ir al baño y las puertas no cierran nunca, y te levantaste, "yo también voy dentro" dijiste y sin más volviste tras nosotros. Al salir de aquel lavabo, estabas esperándome. Yo aún no lo sabía pero realmente era así, ¿verdad?

Enseguida volví a meterme entre la multitud, y sin darme cuenta ya estábamos bailando otra vez. Tus manos dibujaron círculos en el aire hasta pararse en mis caderas, pero estaba tan absorta por la música que ni me di cuenta. Bastó una mirada complice con mi mejor amiga, aquello no iba a acabar bien, o quizá si.. Se marchó. Nos dejó solos.
Cambio de canción, el mundo girando y nosotros a nuestro ritmo. Teníamos toda la noche o al menos hasta que uno dijera ya no más.
Recuerdo el calor de tu cuerpo, como todo lo que sonaba a nuestro alrededor dejo de sonar en el mismo momento en que tus labios encontraron el hueco de mi cuello y decidieron investigar. Me giré y te miré a los ojos. No puedo decir que fue antes, si tus manos por mi espalda o nuestras bocas unidas, pero dudo que realmente importe. Juro que mi tiempo y el tuyo se fundieron hasta dejar de existir o eso creí en aquel momento.

Hoy me acuerdo de todo, y desde la soledad que me abraza sonrío al pensar como he idealizado todo aquello. Aquello que solo fueron unos besos en una discoteca, pero aquello que volvería a repetir.

Besos vacíos que llenamos de recuerdos.

Pensándolo mejor, tal vez sea mejor que te marches. Haz tu vida en otro lugar, con otras caras, otro ritmo y otros besos. Vive la vida que aquí nunca pudiste o nunca te permitiste. Márchate lejos y no vuelvas. No me hagas más daño.

Prometemelo. Prométeme que esta vez será para siempre.

Donde acaban estas sabanas...

Su cuerpo se balanceaba con el sonido de la música. Cada paso que ella daba hacia atrás mis sentimientos los daban hacia delante. Vestida con esa camisa robada de mi armario y medio desabrochada, mostrando sin pudor ninguno ese sujetador de encaje que me hace dejar de ser persona. Se mueve libre, con sus pequeñas carcajadas acompañando los acordes de la melodía, "Love never felt so good" nunca ha sonado mejor a cuando ella la canta suavemente en mi oído. Una balada nunca había sido romántica hasta que sus letras fueron entonadas por una bella mujer.
Me acelera la respiración cada vez que hace ese suave movimiento de caderas, pero es que en este momento juro que de ella pende mi vida. Se da media vuelta y sin vergüenza alguna, deja caer de manera sensual la camisa que la cubre. Me provoca y lo sabe, pequeña sinvergüenza.
La cojo de las caderas y la arrastro a mi cama. Aquí solo mandamos nosotros, y lo sabe, eso le gusta. El espacio se acorta y ya nada nos separa, ni siquiera el aire se atreve a soplar. La magia del momento me atrapa como nada antes había podido hacerlo.
Pero recuerdo que solo somos esto, que nuestra pequeña relación acaba donde terminan estas sabanas y que fuera de esta habitación ella nunca sera mía.
Me hago el valiente y la invito a pasar la noche, me recuerda nuestro trato y empieza de besarme el cuello.
Prefiero una media verdad o una mentira bien contada a perderme uno solo de esos besos.
Me pregunto en que momento empezó todo esto, pero la única respuesta que consigo darme es que estaré aquí el tiempo que me deje estar, porque estas sabanas revueltas son para mi el mejor de los remedios. Así que ven aquí pequeña sinvergüenza que voy a dejarte huella a besos.

Número 3

Hoy sentada en el autobús, sonrió. Tal vez recordando felices momentos o quizá imaginando los que aun están por llegar. Puede que solo sean ilusiones que no lleguen a cumplirse, o que nos queramos en silencio toda la vida, pero hoy siento que quiero gritarlo. Chillar que te quiero y que este momento es solo nuestro, porque te juro que nadie consigue parar mi tiempo como tu lo haces. ¿Magia?
Te he visto y me has sonreído, y maldito ladrón, te has llevado la parte sensata de mi cerebro. Mis mejores momentos son esos en los que me dices que mis ojos mueven el mundo, y si tu lo dices, yo lo creo y me siento bonita y especial.
Y los peores momentos son esos en los que me doy cuenta de que no esta, de que le dedica su sonrisa a otra, y que le dice esas mismas palabras a otra mas. Esos en los que me doy cuenta de que soy la mujer número 3, cuando él siempre fue mi numero 1. Que injusta la vida y que tonta yo.
Es una espada de doble filo, bella y peligrosa. Juega con mi corazón sin piedad, y no le importa que llore por él, eso solo alimenta su ego. ¿Como puedo estar tan ciega? Y claro.. ellos siempre lo supieron, estuvieron ahí apoyandome incluso cuando sabían que estaba haciendome daño a mi misma, esos a los que ya llamaba amigos antes de todo esto. Me lo dijeron mil veces y no les hice caso, el amor de mi vida decía.. Y mirame ahora, yo sola y él con tantas. Debería odiarle, repudiar su nombre y borrar sus fotos, pero es que pese a todo el daño que me ha hecho, le quiero. Y no puedo negarme lo evidente, que en cada esquina busco su melena rubia, y que en cada paso de zebra miro el semáforo en rojo esperando ese beso que me daba. Y es que me siento idiota, pero las cosas son así, sin más. Yo por él y él detrás de tantas..

Y ya no duele

Todas las peleas son iguales; yo chillándote y tu ignorándome.
¿Qué más da? Si todo se va a terminar.
¿Que más da? Si todo iba a quedar en nada.
¿Qué más da? Si ya no quiero nada de lo que antes necesitaba.

Como tú.

Ya no necesito esa ultima copa de vino, ni el vestido rojo para sentirme mas guapa. Si estos tacones me aprietan, simplemente aprendo a caminar descalza. Si no me gusta la canción, la cambio. Y si el camino no es el correcto, decido si seguir adelante o dar media vuelta.
Ya no quiero tus ultimas partes, ni tus: "Todo tarde o temprano se arreglara". No lo hará.
Ya no soy aquella niña. Y esta sera nuestra ultima pelea, no mas besos a medianoche, ni mas rosas bajo la ventana. Las cosas buenas no compensan todo lo pasado, y esos tristes perdones ya no sirven para nada. Levántate y sal de mi vida, ahora solo estorbas. Deja las llaves de lo que compartimos en la mesa. Y no te lamentes, hace mucho que se había roto, pero estaba ciega.
Pero ya no más, no te necesito. Porque he aprendido a bailar la última pieza sobre esta lluvia de recuerdos.
Y ya no duele.

Juntos se matan y separados se mueren.

Ese era el momento del beso. Lo sabes ahora, cuando ya es muy tarde.
Cortinas de agua alrededor, esa vieja canción sonando una y otra vez, y las luces de su coche a lo lejos. ¿Que te lo impidió?
Y es que ella se muere por cada una de esas sonrisas rotas, y él suspira por cada abrazo de media tarde. Y es que son ellos y nadie más. Siempre juntos, siempre separados por el hielo.
El miedo de una última vez, de una lágrima mas, y tal vez el de que sea algo más que un juego.
Son niños, jugando a las escondidas, riendo ante las caídas e intentándolo una vez más.
Un adiós es un: Hasta mañana, un "te odio" es un: No te dejo mi pelota, y ese "Ya no eres mi amigo" es un: No puedo vivir sin ti..
Pero ya no son niños, que las heridas ya no se curan con un beso de mamá, y los sentimientos no son claros.
Y ese momento, era único, pero nada merece la pena si pone en riesgo esa promesa de un mañana. Porque juntos se matan y separados se mueren.

Cosas que nunca fueron dichas

Las palabras buscan una salida de ese túnel donde crean su hogar. Nacen en una pequeña aldea inundada de todos los sentimientos, y allí, justo allí es donde se crean e inician su viaje. Poco a poco caminan por los laberintos del corazón hasta que una descarga del exterior las hace salir. A veces lo hacen despacio, con la calma de quien piensa, y otras con la rapidez de quien siente.

Pero una vez que han salido, nunca más podrán volver a entrar.

Y tal vez, sean justo esas que nunca ven la luz las que más duelen. Esas que siempre te has negado a aceptar. Esas que nacen y se alimentan de la parte dulce de la vida, de esa llamada felicidad. Esas que duelen tanto que ni las lágrimas limpian su rastro. Esas que matan las caricias y que quitan el sabor de los besos.

Y a veces me pregunto cómo sería decir todo lo que callé, dejar por escrito todo lo que pensé, o intentar expresar todo lo que sentí. Pero nunca lo hago, nunca dejo esa falsa sonrisa en casa. Déjame decirte que nada duele más que engañarse a uno mismo, porque seamos honestos, todo esto es por ti.

¿Soy una cobarde? ¿Tengo miedo? ¿A qué?  

Quizá el rechazo sea algo que no pueda soportar, quizá un: No siento lo mismo, me matase. Pero cada vez que callo; miento, y es que cada vez que te veo quiero decirte tantas cosas que me pierdo a mí misma entre tantos silencios.

Déjame besarte, prometo no romper tu sonrisa, ven a mis brazos, te llenaré de caricias, te quiero… Tantas palabras que nunca fueron dichas y que hoy pesan como el plomo.

Y a veces, solo a veces me pregunto que soy para ti, cuales son las cosas que nunca dijiste, y cuales aquellas que nunca debiste decir.

Pero solo a veces. 

5 meses, 3 días, 12 horas, 30 minutos y 25 segundos.

¿De verdad ha pasado tanto tiempo?
Parece que fuera ayer cuando paseábamos de la mano por el parque y nos peleábamos con aquellos pájaros que siempre picaban las migas de pan que los niños echan. Y ya han pasado 5 meses. Ni siquiera sé como he aguantado, no siento nada desde que te fuiste. Porque te fuiste, ¿verdad?
A veces creo que me volveré loca, nadie me ha dejado nunca tan vacía con su marcha. Y lo peor de todo es que no puedo pedirte que vuelvas, no puedo llamarte o escribirte un mensaje, tan solo puedo dedicarte un par de palabras desordenadas que sé que nunca leerás, pero que quemaré con la esperanza de borrar estos sentimientos, esta maldita pena que me mata por dentro.
Te odio por quererte tanto y no poder dejar de hacerlo, me enfado contigo por no haberme dejado ir contigo, que egoísta por tu parte condenarme a una vida sin tus sonrisas. ¿Cómo pretendes que siga adelante si no puedo dejar de llorar?
Y ya no es la pena, no es el dolor, es el echarte de menos, es el buscarte en cada multitud, es el que escucharte cuando nadie más habla, es el verte en sueños y no poder abrazarte, y sobre todo es el ver tu silla vacía.
No quiero seguir así, hundida en un pozo de recuerdos, intentado seguir adelante pero enganchada con uñas y dientes a tus memorias. Ni siquiera he sido capaz de entrar en tu antigua habitación, la cama me parece demasiado grande y fría sin tus abrazos. Las paredes de esa sala intentan comerme y dejarme sin aire hasta hacer que murmure tu nombre entre lágrimas.
Tantas vivencias, tantos recuerdos, tantas sonrisas que ahora saben tan amargas. Tantos posibles y tan pocas oportunidades, tantos deseos y ninguna opción a cumplir alguno de ellos...
Juro que nunca el tiempo me había sabido tan dulce que cuando lo pasaba contigo. Las tardes de lluvia eran nuestro modo de protección, nuestras tardes de cine una distracción, nuestras fiestas algo memorable, y sobre todo, aquellas sonrisas y aquellos abrazos fugitivos que eran vida e ilusión.
Éramos el principio de algo grande, y que cayó con fuerza, dejando un gran cráter, en lo que antes solía ser mi corazón.
Ojala pudiera decirte que te quiero una sola vez, tal vez solo es comparable con lo que un hombre en pleno desierto siente al ver un oasis.

Vuelve que tengo frio, vuelve que te echo de menos, vuelve que sin ti nada es igual, vuelve que te necesito, vuelve que estoy aquí, vuelve que no era tu momento.

Vuelve, por favor

Somos los recuerdos de aquella noche de verano susurrados frente al fuego de medianoche, la cara B de aquella cinta que nunca compramos, el chocolate que no llegamos a terminar, pero sobre todo somos todas aquellas marcas de pintalabios en el cuello de tu camisa.
Tengo un cajón lleno de todo lo que nunca llegamos a ser; destino o eleccion? Nunca sabremos quien tuvo la culpa, y tampoco quien enamoro a quien.
No eras la opcion correcta, pero a quien le importaba? Eras mi opcion incorrecta.
Quiza fuera el dragon que nos unio o la rosa que nos separo, pero lo unico que se seguro es que se acabaron las excusas, ya no hay un nosotros.
Soy un pedazo de todo lo que dejaste atras, un pedazo de corazon roto y un par de sonrisas bañadas en lagrimas. Vuelve, por favor.
Nadie te necesita como yo ahora, sin aire y sin aliento, como un brisa en verano, y te busco como una brujula busca su norte, sabiendo que de tu viaje no se vuelve.
Eres a mi lo que a una rosa a sus espinas, doloroso pero bello, necesario como el respirar.
Maldita la suerte de no poder compartir viaje, sueños y miedos. Y maldita la suerte de solo querer explicarte a ti lo que no puedes escuchar.
La cama parece tan vacía sin ti que llevo días sin dormir, temo el día que las sabanas pierdan tu olor y rio al recordar las cosquillas traicioneras que me hacías al dormir.
Rezo pensando que así me oirás, finjiendo que todo sigue como ayer.
Y ahora no puedo mas que pensar en ti, llorar por lo que ya nunca podre volver a tener
Y tal vez seguir tu camino.
A mi derecha tengo un bote lleno de ese liquido que me haría dejar de sufrir, dejar de respirar. Miro tu fotografía y te pregunto que habrías hecho tu, y me digo una y mil veces que soy una cobarde, pero es que tengo miedo. Ya no se quien soy sin ti, ni si quiero saberlo, y duele, maldita sea duele mas que mil clavos ardiendo en mi piel.
Acaso se puede vivir con los restos de un corazon echo trizas?
Necesito esa brujula que me hacia ver el norte, o el mapa de las estrellas que tenian tus ojos, pero ya no hay nada de eso.
Tengo frio sin tus brazos a mi alrededor, pero acaso puedo hacer otra cosa que echarte de menos?
Si, ser cobarde, dejar luchar.
Pienso y le doy mil vueltas, nada me queda aqui, solo el recuerdo de mil palabras muertas.
Lo voy ha hacer, esta decidido. Acerco la botella a mis labios y recuerdo tu sonrisa, la mano me tiembla y se que estes donde estes te enfadas conmigo.
No puedo. Soy lo que tu me enseñas a ser, una superviviente.

Vuelve a mi

Necesito recordar el calor de un beso, el estremecimiento de un te quiero susurrado, la lujuria de una pasión desenfrenada. Dejar de sentir el dolor de una caricia nunca dada, y guardar la esperanza pasada en un bote de cristal.
Ayúdame a meter en una bola de nieve todo lo que sentí, y agitarla para sentirte cerca. Por favor, no digas que no fue real. Vuelve, abrázame como ayer, hazme sentir la reina de una nueva partida de ajedrez, obligame a dejar de vivir de recuerdos.

Besame y júrame que nada de aquello paso.
Bailemos sobre el amor, reconstruyamos este pobre y desgraciado corazón que solo suspira por los latidos del tuyo.
Déjame sentir que somos uno, y abrázame fuerte. No me sueltes, no me dejes caer pues no duele el golpe de la caída si no nuestra distancia.
No más explicaciones, no mas caricias teñidas de disculpas, vuelve a mi.´


-Para la primera persona que leyó estas palabras-

Eres mi mejor amigo

Te acercas despacio, y finjo no darme cuenta. Como si tu aroma a frutas del bosque no me hubiera alertado hace un rato. Continúo mirando la ventana, disimulando los nervios que se van apoderando de mí poco a poco. Sonrío sin que puedas verlo y me toco el pelo. Ha crecido mucho desde que nos conocimos. Solo han pasado un par de meses, pero ahora mismo eres tan importante en mi vida… 
Pasa una niña con su perro, por delante de la ventana y recuerdo cuanto te vi por primera vez. Ibas corriendo como siempre, llegabas tarde a aquella cita a ciegas, miraste un segundo hacia atrás y te chocaste con aquella farola. Yo iba justo detrás de ti, te vi caer de culo después del golpe y salí corriendo para comprobar que no te habías hecho daño. Al verte con el vaso en la mano y el café en el jersey, y la frente roja, no pude evitar echarme a reír, y tú conmigo. Desde ese momento, hemos compartido cada café y cada sonrisa. Parece ridículo pensarlo, pero a veces creo que si no fueras tan patoso y no tuvieras un imán para cualquier cosa con la que chocarte, nunca nos habríamos conocido.
Suelto una carcajada con aquel recuerdo. Vestida así, solo con una de tus camisas y riendo ante algo que solo yo puedo ver, debo de parecer una loca, y quizá sea así, pero tan solo de felicidad. Noto tu respiración en mi espalda, seguida de un dulce beso en el hombro, poco a poco tu boca va dejando un pequeño rastro de besos desde el primero hasta llegar a la oreja.
- ¿De qué te ríes? – dices en un susurro
Todo mi cuerpo se estremece, siempre has tenido ese efecto en mí.
- De ti, por supuesto – respondo en el mismo tono.
- ¿De mí? ¡Ahora veras!
Tus manos recorren mi espalda de arriba abajo, es un gesto tan íntimo y natural… De repente, paras justo debajo de mis costillas y comienzas a hacerme cosquillas.
- ¡Tramposo! ¡Eso no vale! – grito mientras me retuerzo ante tus manos
Tropezamos y ambos caemos al suelo de cualquier manera. Finjo que me he hecho daño, después de las cosquillas te lo mereces.
- ¡Ay! Me has hecho daño. – digo mientras finjo hacer pucheros.
- Lo siento, lo siento. ¿Dónde te duele? ¿Quieres que vayamos al médico?
Rompo a carcajadas, revolcándome por el suelo, mientras miro tu cara de preocupación. Te pones tan adorable cuando te preocupas por mí.
- Eso no se hace. – me regañas- Me has asustado, pensaba que te había pasado algo.
Me miras y ya no aguantas las ganas de reír. Nuestras carcajadas llenan el aire que hay a nuestro alrededor, porque lo mejor de todo esto es que además de quererte eres mi mejor amigo.

Aún te recuerdo

Ojala pudiera hacer que volvieras, tan solo un momento. Te echo de menos, aunque no soy la única. Todo ha cambiado desde que te marchaste, todos hemos cambiado. Te fuiste demasiado rápido, sin despedidas ni abrazos, solo lágrimas y dolor. Un dolor tan profundo que ni siquiera arrancándome el corazón se habría marchado. Ya no soy nada, no soy la que recuerdas. Me miro al espejo y solo encuentro lo que me falta, creo que nunca volveré a ver mi reflejo completo. ¿Por qué duele tanto?
Yo… yo… ya no sé quién soy,  parece que nada tiene sentido sin ti. Esto es una locura, siempre he estado ahí, apoyándote, llorando contigo, en lo bueno y en lo malo. ¿Y que me queda ahora?
Una consola con dos mandos, una foto de las últimas vacaciones y miles de recuerdos que nunca podré sacar de mi mente, quizá sea esto todo lo que me quede de ti, pero eso no significa nada porque tú ya no estas para darles sentido.
Te odio por hacerme sentir así, por haberte ido y haberme dejado aquí, por haber hecho que todo este dolor se quede conmigo.  ¿Cuándo va a terminar todo esto?
Todo me recuerda a ti, miro hacia la derecha y te veo sentado en la cama, con todos tus libros rodeándote, creando tu fuerte, miro a la izquierda y te escucho hablarme sobre tu nueva novela y sobre lo mucho que me va a sorprender, miro atrás y me encuentro con tu sonrisa, brillante, y sincera, solo mía, recuerdo el sonido de tu risa y las arrugas de tus ojos al sentir aquellos minutos de felicidad, pero miro hacia delante y solo puedo llorar, todo se ha vuelto oscuro y duele, mucho, ya no te veo con tus libros ni te oigo reírte. Ya no siento el calor de aquellos besos, solo vacío y frío, un frío aterrador que significa soledad. No quiero mirar adelante, pero no puedo quedarme aquí sentada recordando que ya no volverás, pero te necesito.
Intentar dejar de sufrir por lo ocurrido agachando la cabeza y llorando en silencio, eso es lo que hago. Quiero recordarte por lo que eras, una persona a la que quise, mucho.
Imagino que todo esto ha sido una despedida, aunque tan solo es una coma en medio de esta historia, el punto final lo pondrá el destino con su beso final. 

Nunca dejé de quererte


La tormenta ha terminado, pero la radio sigue sonando. Tu voz continúa llenando los espacios blancos entre nosotros, igual que años atrás. Paramos nuestra relación hace años y hoy, aquí encerrados, todo parece haber vuelto a aquel momento, pero en cambio tú y yo sabemos que nada es igual, solo somos dos viejos conocidos, no somos los mismos y nunca lo seremos.
Recordamos lo pasado, la tormenta que nos hacía prisioneros dentro de aquel apartamento ya ha pasado, pero no importa, nada importa, en este momento solo existimos tú y yo.
La radio se apaga y el silencio reina por un momento, adueñándose de todas nuestras palabras.
- Ven, déjame enseñarte algo 
Te sigo sin dudar. Me siento segura a tu lado
- Que misterioso…
Te acercas al piano y lo miras con pasión, con la mirada de alguien enamorado de lo que hace. Siempre has amado la música. Nunca podré olvidar aquel día de noviembre bailando al viejo estilo de jazz, éramos tan felices…  Te sientas en la banqueta y comienzas a tocar.
- Cuando te marchaste, mi único consuelo fue tocar, la música salvo la vida que tú te llevaste. 
Tu voz suena como si fuera la canción que faltaba en la melodía, no puedo hacer nada, las sensaciones y los sentimientos me superan en este momento. Me dejo caer hasta quedar sentada en el suelo, sufriendo al ritmo de la melodía y llorando sin soltar una lagrima. La situación me supera…  Tú finges estar solo en la habitación, sigues tocando el piano hasta que la melodía cesa de una manera violenta. Te giras y me miras, las lágrimas corren por tus mejillas, y las mías me ahogan.
- ¡Fuiste tan injusta! ¿Cómo pudiste pensar que en siquiera un maldito segundo de mi vida deje de pensar en ti? Dejar de quererte es imposible.
- Yo… yo… Fui idiota, no sabía lo que perdía, si hubiera sabido lo que sé ahora… Todo hubiera sido diferente, pensaba que no me querías, que solo era un juego para ti, ahora sé que estaba equivocada.
- No me importa el pasado. He querido decirte desde aquel momento dos palabras a las que no supe contestar hasta que te marchaste.
- ¿Qué palabras? Digo mientras me limpio los ojos con la manga del jersey.
Levantas mi cara y me miras a los ojos.
- Te quiero, te quiero desde el día que me tiraste aquel batido a la cabeza, te quise aquel día que criticaste mi música, incluso te quise aquel día que me rompiste el corazón. He tenido toda mi vida para olvidarte y no creas que no lo he intentado pero… Es imposible.
- No sé qué decir… Estoy algo asustada, ha vuelto todo lo que sentía por ti, solo que ahora sé que es verdad que me quieres.
- Dios, sí. Megan, sabes que sí, ahora… Me iría contigo a la otra punta del mundo, te buscaría en el mismo infierno si fuera necesario. Quiero pasar cada uno de mis días contigo, siempre. ¿Quieres casarte conmigo? -Dices sin pensar.
- ¿Así? ¿De repente?
- ¿De repente? Llevo toda la vida buscando la fuerza para decirte que te quiero, acéptame por favor.
- Claro que te acepto. Te quiero.

Sin tu amor

Un día más, las horas pasan y yo sigo aquí llorando por ti y jurándome a mi misma que no lo volveré a hacer. Estas lágrimas son la confirmación del amor que siento por ti y también son del rechazo que recibo por tu parte. Cada día es peor, te odio pero solo por quererte tanto. 
Los días que no te veo se hacen eternos y me paso las horas mirando por la ventana esperando ver tu sombra pasar por mi calle. Por las noches sueño que vienes a buscarme y me llevas a tu castillo volando como en las películas. Pero la mejor parte del sueño es cuando tu bajas del caballo y depositas en mis finos labios un beso de amor, pero son sueños y al despertar vuelvo a llorar al darme cuenta de que la realidad es muy dura al estar sin tu amor. 


Los príncipes azules también destiñen - Megan Maxwell

Título original: Los príncipes azules también destiñen Autor: Megan Maxwell Saga: No. Autoconclusivo. Año: 2012 Editorial: Versa...